Por fín.

Soy moderno. Todos me decían “no eres moderno”, e incluso con mis gafas de pasta de marca blanca me seguían diciendo “no eres moderno”. Intenté ir a sus fiestas, apuntarme a sus blogs, hacerme el moderno, comprar en sus tiendas camisetas de grupos que no conozco, incluso intenté eso de llevar gafas sin graduación por aparentar, aunque casi muero atropellado.

El otro día vino a mí la luz, y me dije, “para ser moderno, hay que tener blog”.

Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para un moderno.